huracán
Desperté del sueño.
Estabas allí, nuevamente. Tu presencia en fosfenos se paseaba en calles de asfalto por los que caminábamos juntos. No sé por qué, pero pasó mucho, mucho tiempo antes de que pudiera verte otra vez entre mis tejidos oníricos.
Fueron segundos, pero estábamos en el patio de la casa y al salir, el narrador con voz de estación de radio, advirtió que un huracán estaba por llegar.
Tan sólo unos instantes más tarde, el cielo se ponía rojo, luego se teñía de morado, rosa, verde y azul rey, en diferentes momentos. Arriba, espesas nubes de pinceladas hermosas, cuya forma resultaba aterradora. Los rayos del sol se filtraban por el vórtice. - El ojo del huracán llegará pronto -, dijo el narrador.
Y entonces, permanecíamos allí, esperando a que algo ocurriera. Que el velo de la atmósfera cambiara o que se estremeciera aquel lugar en el que estábamos.
Pero no pasaba nada, sólo había un viento ligero, tan agradable que me asustaba pensar que lo que hubiese alrededor del ojo - alrededor de nosotros - fuese realmente un caos inacabable o algo sumamente desastroso.
Ti, ti, ti, ti, ti, ti, ti, ti, ti, ti, ti, ti, ti, ti, tun. Sonó el despertador y el sueño acabó. Puse de nuevo mis párpados sobre mis ojos, pero era inútil. El huracán se había ido con la luz del sol.
Tal vez te extraño tanto que el cielo se tiñe de rojo. Je ne sais pas.
Tu mirada solemne y tus ojos robustos.
Me espera otro sueño.
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